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lunes, 29 de marzo de 2021

Historia del urbanismo moderno: El discurso del CIAM sobre el urbanismo 1928-1960 por Eric Mumford

Eric Mumford
Profesor de arquitectura, historia del arte e historia, Washington University St Luis EE.UU.

Traducción: León Darío Espinosa Restrepo  


Resumen:

En  el  presente  artículo,  Eric  Mumford  se  enfoca en  el  discurso  del  CIAM  buscando  trazar  el  desarrollo  y la promoción de sus influyentes conceptos alrededor del tema  de  la  “Ciudad  Funcional”.  A  través  de  un  completo  análisis  de  los  documentos  oficiales  del  Congreso,  así como de los pronunciamientos de sus miembros, el autor revela los cambios que se produjeron en los CIAM desde su origen, a finales de la década de 1920, hasta su disolución en 1959. 

Este texto es una versión escrita de la conferencia dictada  por  el  profesor  Mumford  el  día  7  de  mayo  de 2007 en el seminario Urbanismo Moderno: de los CIAM a Colombia, organizado por la Maestría en Urbanismo de la Universidad Nacional de Colombia


1. El CIAM de la preguerra


El Congreso Internacional de Arquitectura Moderna,  CIAM,  fue  fundado  en  La  Sarraz,  Suiza,  en  junio  de 1928  como  una  coalición  de  grupos  de avant-garde  de toda Europa. Se reunió regularmente en varios países europeos hasta septiembre de 1939, y fue en sus encuentros donde se debatieron y formularon los elementos básicos de una nueva aproximación a la arquitectura y el urbanis-o. El CIAM se enfocaba en la idea de que el rediseño y el desarrollo futuro de las metrópolis del siglo XX debían estar  basados  en  las  necesidades  biológicas,  psicológicas y sociales de las clases trabajadoras. Para facilitar esta re-organización,  que  debía  ser  llevada    a  cabo  por  las  autoridades  reformistas  de  diversas  corrientes  políticas,  los integrantes de los CIAM ofrecían estrategias de análisis y reorganización urbanos diagramáticos, las cuales incluían la innovación tipológica, la prefabricación y la integración de los elementos del paisaje con los elementos construidos. Estos debates tuvieron lugar en un escenario de pro-fundas divisiones políticas, y nuestra percepción de ellos se  haya  usualmente  opacada  por  el  surgimiento  de  Hitler  y  Stalin  y  la  catástrofe  de  la  Segunda  Guerra  Mundial.  

Como  resultado,  hoy  es  muy  difícil  reconstruir  las complejas circunstancias culturales y políticas a las cuales los CIAM intentaban dar respuesta en este período, pero espero que esta lectura clarificará el desarrollo de lo que ha dado en llamarse urbanismo moderno, a través de un breve repaso a la historia de los CIAM.A partir de su fundación, el CIAM estuvo dividido entre los arquitectos de habla germana, influenciados ra-dicalmente por la Bauhaus y activos en Alemania, Suiza, Holanda y Europa oriental, y aquellos más partidarios de París y Le Corbusier. Su ímpetu inicial provenía al mismo tiempo del internacionalismo socialista de la era Weimar y de los intentos de Le Corbusier por revertir el rechazo de su propuesta en el concurso de diseño de la Liga de las Naciones y a la selección de un diseño estilo Beaux-Arts. 

El CIAM I, patrocinado por la aristócrata franco-suiza He-lene de Mandrot, tuvo como resultado la expedición de la  Declaración  de  La  Sarraz,  firmada  por  24  arquitectos europeos, los cuales demandaban que la arquitectura de-bía ser separada de las escuelas de Arquitectura de Bellas Artes  orientadas  según  la  tradición  clásica  y  en  su  lugar debía ser ligada al sistema económico general. Los firman-tes apelaban a las ideas tayloristas sobre la necesidad de diseñar  para  el  mínimo  esfuerzo  de  trabajo  a  través  de la  racionalización  y  estandarización  de  los  componentes constructivos, y sostenían que los arquitectos debían buscar influenciar a la opinión pública en favor de las nuevas aproximaciones arquitectónicas.

En estos primeros años del CIAM, Ernst May, el arquitecto oficial de la ciudad de Frankfurt; Le Corbusier y otros  miembros  desarrollaron  una  aproximación  que  se convertiría en la base de gran parte del futuro urbanismo a escala metropolitana. Dicha aproximación estaba moti-vada por la idea de que las ciudades industriales debían ser diseñadas teniendo como propósito mejorar las condi-ciones de habitabilidad de la mayoría de la población, in-crementar la eficiencia económica a través de las mejoras en los sistemas de transporte y proteger el ambiente natu-ral como sitio para la recreación masiva. Para el CIAM, el elemento básico de este planteamiento era el diseño de la  vivienda  individual  y  el  rechazo  a  la  ciudad  de  inquilinatos del siglo XIX.


Imagen 1. Foto del Primer Congreso CIAM, La Sarraz, Suiza.Fuente: Mumford (2000).


  Este fue el tema principal del CIAM II, llevado a cabo en Frankfurt en octubre de 1929 y que recibió el título de Die Wohnung für das Existenzminimum (La  vivienda  mínima).  El  trabajo  de  May  como  arquitecto oficial  de  la  ciudad,  a  cargo  del  diseño  de  24  grandes proyectos  de  vivienda  obrera  patrocinados  por  las  auto-ridades municipales, había sido influenciado por el mo-vimiento  de  la  Ciudad  Jardín,  el  cual  había  tenido  gran repercusión en Alemania en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Arquitectónicamente, el trabajo de May también se basaba en los planteamientos sobre el diseño que estaban siendo elaborados en la Bauhaus por Walter Gropius, Marcel Breuer y otros. Estos intentaban resaltar las  nuevas  tecnologías  tanto  en  los  equipos  domésticos como en la construcción, a través de un nuevo diseño que enfatizara  la  cercanía  a  la  naturaleza,  una  aproximación evidente  tanto  en  los  jardines-huertos  planteados  para muchas  de  las  unidades  de  vivienda  como  en  el  diseño total del conjunto, el cual incluía parques y alamedas a lo largo de elementos naturales tales como los valles de los ríos.  Allí,  se  combinaban  las  teorías  de  la  Ciudad  Jardín con el nuevo ideal internacional de condiciones urbanas de  habitabilidad  para  las  masas  urbanas  industriales. 

 En el CIAM II, May organizó diversos tours a los nuevos pro-yectos para los delegados del CIAM, provenientes de 14 países europeos y de la Unión Soviética.Luego  de  una  introducción  hecha  por  Sigfried Giedion,  el  nuevo  Secretario  General  del  CIAM,  5  con-ferencias fueron presentadas en el CIAM II, iniciando con una de May sobre el concepto del Existenzminimum. Esta fue seguida por otras conferencias preparadas por Walter Gropius,  para  ese  momento  uno  de  los  arquitectos  mo-dernos  alemanes  más  influyentes;  Victor  Bourgeois,  un arquitecto  belga  familiarizado  con  los  desarrollos  en  la Unión Soviética; el arquitecto radical Hans Schmidt y por Le Corbusier. 

Gropius, en realidad, no estuvo presente en el CIAM II, y su conferencia sobre “Las bases sociológicas de la vivienda mínima” (Gropius, 1930) fue leída por Giedion. En dicho texto se argumentaba que la entrada de la mujer a la fuerza laboral exigía “hogares centralizados” en don-de  cada  individuo  tuviera  acceso  a  una  unidad  mínima de vivienda dentro de una gran estructura comunal en la que funcionaran comedores, guarderías y equipamientos recreacionales.  Gropius  sostenía  que  estas  comunidades podrían ser conformadas por edificios de vivienda de va-rios  pisos  localizados  en  grandes  áreas  verdes.  Schmidt recalcó, entonces, la necesidad de estandarizar y simplifi-car las regulaciones de los edificios para producir solucio-nes de vivienda menos costosas. La conferencia final fue la  preparada  por  Le  Corbusier,  la  cual  trataba  sobre  los aspectos  constructivos  de  la  vivienda  mínima  y  que  fue leída  por  Pierre  Jeanneret  pues  su  primo  se  encontraba en  su  primer tour  de  conferencias  en  Brasil,  Uruguay  y Argentina. Una impresión del programa le da a esta char-la el título de “Crítica y modificación de las regulaciones existentes”, el cual cambió en la versión impresa a “Aná-lisis  de  los  elementos  fundamentales  del  problema  de  la vivienda  mínima”.  

Aquí  Le  Corbusier  llamó  la  atención sobre  la  naturaleza  biológica de  la  vivienda,  la  “pobreza e  insuficiencia  de  la  técnica  tradicional”  y  la  necesidad de la “estandarización, industrialización y ‘taylorización’”. Así mismo, Le Corbusier describía la vivienda como “una secuencia regular de funciones definidas”, un “fenómeno de  tráfico”  el  cual  debe  ser  expresado  por  la  “moderna ciencia de la arquitectura” de manera “exacta”, y enfatizaba la estrategia arquitectónica que recomendaba: el ya familiar “esqueleto estructural, con planta y fachada libre” (Le Corbusier, 1930). El CIAM II también incluyó la inau-guración  de  la  exhibición  de  Mart  Stam  de  207  paneles con  planos  a  la  misma  escala  realizados  por  arquitectos de toda Europa y montados sobre tableros de 1.20 x 2.00 metros. La mayoría de los planos venían de ciudades ale-manas, y aproximadamente la mitad eran de proyectos de Frankfurt.  Casi  todos  los  demás  eran  de  Bruselas,  Viena, París y otras ciudades europeas. Dichos planos fueron publicados por el CIAM en 1930 en el libro Die Wohnung für das  Existenzminimum,  el  cual  también  incluyó  los  textos de las lecturas en alemán y francés y enfatizaba la relación entre la nueva arquitectura y las técnicas de la moderna ingeniería industrial al servicio de la clase trabajadora. 

En  febrero  de  1930,  el  CIRPAC  (Comité  Interna-tional  pour  la  Réalisation  des  Problèmes  d’Architecture Contemporaine),  el  consejo  directivo  del  CIAM,  se  re-unió en la oficina de Le Corbusier en París para planear el  tercer  congreso.  Schmidt,  Mart  Stam,  Giedion  y  Le Corbusier aceptaron allí la oferta de Victor Bourgeois, el vicepresidente belga del CIAM, de llevar a cabo el siguien-te congreso en Bruselas. En este encuentro, Le Corbusier también criticó el interés principal del CIAM en la vivienda mínima  sin  una  examen  correspondiente  de  la  provisión general de servicios comunales, tal como se estaba hacien-do en la Unión Soviética por parte de Moisei Ginzburg y OSA, quienes habían sido invitados a unirse al CIAM por recomendación  de  Le  Corbusier. Le Corbusier había realizado desde 1928 dos viajes a Moscú para su proyecto del Centro Soyuz, y contrastaba los esfuerzos solitarios de May en  Frankfurt  con  las  más  amplias  estrategias  soviéticas  que estaban siendo debatidas tras la inauguración del Primer Plan Quinquenal. Este plan abogaba por la construcción de 200 nuevas ciudades industriales y 1000 asentamientos agrícolas. 


Para este momento, los líderes del ala radical germano-parlante del CIAM habían aceptado el ofrecimiento del gobierno soviético para diseñar algunas de las nuevas ciudades industriales mencionadas en el Primer Plan Quinquenal. May, Stam, Schmidt y  Hannes  Meyer,  quien  había  dirigido  la  Bauhaus  de  1928  a  1930,  todos  partieron hacia la Unión Soviética en octubre de 1930. De todas formas, muchos otros arqui-tectos asistieron al CIAM III, incluyendo a un menos orientado políticamente Ludwig Mies van der Rohe. Uno de los delegados norteamericanos del CIAM, Richard Neutra, quien había emigrado a Estados Unidos para trabajar con Frank Lloyd Wright en 1923, también estuvo presente en el CIAM III. Un año después, Giedion, hablando frente a una audiencia del CIAM en Berlín, comentó que había discutido las condiciones americanas con Neutra y que la posibilidad de llevar a cabo un congreso en Estados Unidos para 1933 estaba siendo considerada, si bien Neutra pensaba que aún existía una gran distancia entre los intereses de los arquitectos norteamericanos y los de los europeos para la época. 

También fue en el CIAM III que el arquitecto suizo Karl Moser, el primer presidente  del  CIAM,  renunció,  y  Gropius  nominó  al  planificador  de  Ámsterdam  y miembro de la vanguardia holandesa Cornelis van Eesteren como su sucesor.En febrero de 1931, en el siguiente encuentro del CIRPAC, llevado a cabo en zurich, Van Eesteren y sus colegas holandeses fueron instruidos por el CIRPAC (es decir, Le Corbusier, Gropius, Giedion y otros) para preparar guías analíticas de presentación para el siguiente congreso sobre el tema de la Ciudad Funcional. Este concepto, que seguiría siendo central en el CIAM por buena parte de su historia posterior y el cual se convertiría en la base para gran parte de la planeación de la posguerra, incluyendo a Holanda, y en una manera diferente, para la totalidad de nuevas ciudades como Brasilia, se había originado con Van Eesteren y el grupo holandés del CIAM, De 8 (Los ocho). Aunque similar en alguna forma al urbanismo de Le Corbusier, estaba menos enfocado en el uso de los edificios en altura y pretendía estar basado en la información estadística detallada más que en las imágenes formales.


Imagen 3. Walter Gropius. Maqueta de un edificio de apartamentos de 11 pisos y 60 unidades, proyectado en estructura de acero. Fuente: Mumford (2000).

Van Eesteren había estado asociado con Theo van Doesburg, y luego de estudiar en París había enseñado planificación de ciudades en la Bauhochschule de Weimar de 1927 a 1929. En una conferencia dictada en Berlín en enero de 1928, titulada “La construcción de la ciudad en una hora”, Van Eesteren calificó a la ciudad clásica como una “ciudad de cartón” compuesta  principalmente  por  fachadas,  y  en  su  lugar propuso un urbanismo basado en la distribución racional de los elementos funcionales de la ciudad. Estas “unida-des  de  la  metrópoli”  incluían  edificios  industriales,  lotes de parqueo y garajes, campos deportivos y rascacielos, así como otras tipologías de construcciones más tradicionales tales  como  estaciones  de  tren  y  edificios  religiosos.  Van Eesteren insistía en que con la información estadística necesaria el diseñador urbano podía llegar rápidamente a la forma  urbana  correcta,  idea  que  publicó  en  un  artículo escrito  para i10  en  1928    bajo  el  título  de  “Städtebau”. Visualmente, esta nueva ciudad sería una “contra-imagen” de la ciudad existente, basada en un “equilibrio plástico” de sus componentes urbanos derivado del movimiento De Stijl. 

A diferencia de su contemporáneo Ludwig Hilberseimer, a Van Eesteren se le dio la oportunidad de implementar esta aproximación al ser designado como diseñador urbano del Departamento de Obras Públicas de Ámsterdam en mayo de 1929. Junto con sus asociados, entre los cuales estaban Theodoor Karel van Lohuizen, quien había desarrollado un método estadístico para calcular el desarrollo urbano futuro basado  en  la  localización  del  empleo,  Van  Eesteren  creó el Plan de Expansión de Ámsterdam para las nuevas áreas anexadas  de  la  ciudad.  Este  plan,  publicado  en  1935,  se convirtió en la base para la eventual estructura urbana de la Ámsterdam de la mitad del siglo XX, con algunos elementos específicos que incluían nuevos distritos residenciales y par-ques, diseñados por los miembros holandeses del CIAM.


 En el proceso de desarrollo del plan, el equipo de Van Eesteren expuso  los  resultados  de  sus  estudios  estadísticos  usando planos a la misma escala, codificados en tres colores para mostrar las áreas que debían ser localizadas para los sitios de trabajo, la vivienda y la recreación, así como la indica-ción de las principales rutas de transporte en un plano se-parado, a insistencia de van Lohuizen.En  el  siguiente  encuentro  del  CIAM,  el  Congreso Especial de Berlín, que tuvo lugar en junio de 1931, Van Eesteren  presentó  estos  métodos  de  exposición  gráficos a  los  delegados,  con  la  idea  de  que  fueran  la  base  para las  presentaciones  del  siguiente  congreso,  que  según  lo planeado  para  aquel  momento  debía  llevarse  a  cabo  en Moscú en 1932. Delegados de varios capítulos del CIAM de  todo  el  mundo  estaban  preparando  los  planos  a  la misma escala que documentarían las condiciones urbanas de  unas  30  ciudades  industriales,  y  las  conclusiones  que de allí salieran serían la base para el diseño de las nuevas ciudades  industriales  que  para  entonces  se  construían  en la  Unión  Soviética,  tales  como  aquellas  diseñadas  por  las “brigadas” de los miembros germano-parlantes del CIAM. 

En  este  evento  en  Berlín,  May  presentó  su  proyecto  para las ciudades satélites alrededor de Moscú y para la nueva ciudad industrial de Magnitogorsk, así como algunos otros proyectos urbanos.A pesar de la entusiasta presentación de May, en el Congreso Especial de Berlín ya había indicaciones de que la situación para el CIAM en la Unión Soviética estaba cam-biando.  De  hecho,  recientes  investigaciones  han  revelado que para aquel momento Stalin y su diputado a cargo de la región de Moscú, Lazar Kaganovich, ya se habían decidido en contra de la avant-garde como la posición oficial soviética en materia de arquitectura y urbanismo. Sin embargo, para el encuentro de Berlín las autoridades soviéticas habían indicado que el libro Sotsgorod (La ciudad socialista) debía ser la base para la planificación de las nuevas ciudades en la Unión Soviética. Dicho libro proponía una variante de la aproximación  “desurbanista”  soviética,  también  recomendada por Ginzburg, la cual proponía continuar los esfuerzos de Marx y Engels por eliminar las distinciones económicas y sociales entre la ciudad y el campo a través de la descentralización de las ciudades existentes a lo largo de las líneas de  transporte.  


Imagen 4. Mapa analítico de Ámsterdam para el Congreso de la Ciudad Funcional, 1933.Fuente: Mumford (2000).


Con  todo,  esta  medida  no  debía  ser  una  dispersión aleatoria, sino una cuidadosa organización de zonas separadas de producción, almacenamiento  y  vivienda,  todas  cercanas  tanto  a  las  líneas  férreas  como  a  las  áreas agrícolas. El objetivo era reorganizar tanto la agricultura como la industria de una forma “biológica”,  de  modo  que  los  costos  de  trabajo  y  transporte  fueran  minimizados  y  los residuos orgánicos fueran devueltos como material fertilizante a la tierra (Miliutin, 1974). Muchos de los delegados del CIAM en el encuentro de 1931 en Berlín aceptaron este modelo, incluso Gropius afirmó en sus notas que May le había indicado su aceptación de estos puntos principales. Un delegado de Suecia, Uno Ahren, cuestionó los lineamientos propuestos por el grupo holandés, y aceptó que, dado el limitado tiempo con el cual se disponía, Sotsgorod debía servir como base para el desarrollo de los lineamientos en el CIAM IV.

 Sin embargo, agregó que para él el tema de quien tiene la propiedad del suelo en las transformaciones urbanas propuestas en el CIAM era el punto crítico, y argumentaba que las ciudades existentes debían ser estudiadas en términos de los aspectos económicos, sociales y políticos, una posición que fue apoyada por uno de los miembros del ala alemana del CIAM, Arthur Korn. Este planteamiento fue cuestionado por Szimon Syrkus, el delegado polaco, quien pensaba que la revolución social no era un tema de la arquitectura, aunque agregaba que “la arquitectura es probablemente capaz de encarnar las ideas más radicales en los edificios”.


 Syrkus insistía en que “el trabajo político directo” debía dejarse a los especialistas y en que el CIAM debía desarrollar su labor en cercana colaboración con  ellos.  Anotaba  que  había  “violentos  debates  políticos”  por  entonces  en  la  Unión Soviética, y sugirió que el hecho de que Sotsgorod asumiera como concepto básico la colectivización total de la sociedad podría ser demasiado avanzado para las condiciones existentes en otros países.

 Dada la “urgente emergencia” de las condiciones urbanísticas en Polonia, Syrkus concordaba con que el interés del grupo holandés por las categorías funcionales del trabajo, el transporte y la producción de vivienda debían ser la base para el futuro trabajo del CIAM (Syrkus, 1976).Otros miembros de la delegación alemana tomaron posiciones menos relacionadas directamente con el socialismo. 

Mies cuestionaba si el CIAM debía involucrarse en los temas del urbanismo, ya que era de la idea de que dichos temas eran más una cuestión  política  que  arquitectónica.  Erich  Mendelsohn  insistía  en  que  el  urbanismo era “un tema complejo”, ya que “la ciudad no se desarrolla simplemente a partir de la economía y los medios de producción, sino también de la vida de los seres humanos nacidos unos cerca de los otros”. Pensaba que el interés del CIAM sobre la forma futura de la ciudad socialista era “vacuo”. Aalto, representante de Finlandia, recordó al grupo que el programa de trabajo propuesto por Gropius para el CIAM tenía como su principal prioridad el desarrollo de detalladas soluciones técnicas, y que el asunto de la forma correcta de la konstruktive Stadt socialista era secundario. Pensaba que su interés en las soluciones técnicas proveía un “punto de contacto claro” entre “las ciudades socialistas y burguesas”, ya que ambos tipos necesitaban soluciones detalladas, preparadas por arquitectos, y Aalto argumentaba que este debía ser el punto principal del CIAM IV. 

Tal  como  aconteció,  estos  intensos  debates  sobre  la  respuesta  adecuada  del CIAM al problema del diseño de las nuevas ciudades en la Unión Soviética iban más allá de lo necesario, ya que la esperada invitación soviética para llevar a cabo el CIAM IV  en  Moscú  no  llegó  inmediatamente.  El  vicepresidente  del  CIAM,  el  belga  Victor Bourgeois, sugirió que mientras tanto la reunión del siguiente CIRPAC fuera llevada a cabo en Barcelona, el centro político de la nueva República Española proclamada en abril de 1931. La reunión resultante del CIRPAC en Barcelona para 1932 era la primera vez  que  el  CIAM  se  reunía  en  un  país  que  no  fuera  germano  o  franco-parlante.  


Los anfitriones eran los integrantes del grupo español del CIAM, GATCPAC, liderados por Josep Lluis  Sert  y Josep Torres  Clavé, quienes habían empezado  a  publicar la  revista AC en marzo de 1931. En dicho encuentro, al cual asistieron Le Corbusier, Van Eesteren, Giedion, Gropius, Breuer, Bourgeois, Gino Pollini de Italia, Ernst Weissmann de zagreb y Rudolf Steiger y Werner Moser de Suiza, el CIAM empezó a enfocarse en el urbanismo  fuera  de  la  URSS.

  El  proyecto  de  Le  Corbusier  y  Pierre  Jeanneret  para  el concurso del Palacio de los Soviets fue expuesto durante este evento y los miembros del CIRPAC dieron varias lecturas frente a prominentes auditorios en Barcelona. Esta fue la primera ocasión en que Le Corbusier comenzó a trabajar con el grupo catalán del CIAM en el Plan Maciá para Barcelona, la primera aplicación en una ciudad construida de la planificación del CIAM basada en “las cuatro funciones”.

 Solo pequeñas partes del plan fueron llevadas a la realidad, en particular la Casa Bloc de Sert, Torres Clavé y Subirana (1933), pero las diversas partes del plan fueron publicadas en varias entregas de AC. En dicho plan, Sert y el GATCPAC enfocaron su atención en el hecho de que Barcelona era predominantemente una ciudad de trabajadores industriales, y sugirieron el uso de las categorías funcionales del CIAM para reorganizarla. Gran parte de su interés se centró en los equipamientos recreacionales para la clase trabajadora localizados a lo largo de la costa, junto con una extensa planificación de estructuras de transporte, incluyendo autopistas y aeropuertos, todos proyectos que recibieron el apoyo de la élite industrial de la ciudad.


El interés del CIAM en la Unión Soviética continuó con una reunión en Moscú en diciembre de 1932 para planear el CIAM IV, a la cual asistieron Van Eesteren, Giedion, Ginzburg, Noxolai Kolli y Hans Schmidt, pero para ese momento se empezaba a hacer evidente que el optimismo del CIAM sobre el futuro del urbanismo allí no estaba bien cimentado.

 En un artículo publicado en 1932 en Die neue Stadt, la publicación sucesra del Das neue Frankfurt, Hans Schmidt delineó las objeciones del Stalinismo soviético a la arquitectura moderna. Estas eran básicamente que las ideas de dicha arquitectura eran simplemente una expansión de la tecnología racionalizada del capitalismo contemporáneo;  que  su  renuncia  a  la  monumentalidad  y  a  la  expresión  simbólica  eran una expresión del declive de la cultura burguesa; que ambos, el “idealismo utópico” asociado  a  Le  Corbusier  y  las  ideas  del  “utopismo  de  izquierda”  en  la  política,  eran intentos  contrarevolucionarios  para  “evadir  los  escenarios  naturales  que  llevaban  al socialismo”;  y  que  en  contraste  con  “el  desintegrado  capitalismo  contemporáneo”, el  socialismo  soviético  deseaba  preservar  los  valores  culturales  del  pasado.    El  mismo Schmidt se abstuvo de emitir un juicio, atribuyendo el cambio de pensamiento de la URSS  a  una  carencia  de  desarrollo  técnico  y  cultural,  el  cual  era  “lamentable,  pero comprensible”. 


Imagen 5. Le Corbusier y GATCPAC. Plan Maciá para Barcelona, 1932.Fuente: Mumford (2000).


En lugar de Moscú, el CIAM empezó a tomar gran interés en Italia, a pesar del incierto  estatus  oficial  del  grupo  italiano  bajo  el  régimen  fascista.  Los  arquitectos  de Milán, Gino Polli y Piero Bottoni, organizaron una exhibición del CIRPAC en la Quinta Trienal de Milán, con la ayuda de Giedion. Esta exhibición incluía un gran panel con las  nuevas  ciudades  fascistas  que  se  empezaban  a  construir  para  entonces  al  sur  de Roma,  uno  de  los  planos  ejemplo  de  Ámsterdam  para  el  CIAM  IV,  un  panel  con  las versiones italianas de los materiales de los CIAM II y III, y 55 fotografías del trabajo de los miembros del CIAM, en especial de italianos como Giuseppe Terragni, pero también incluyendo a la Bauhaus, al Pabellón de Barcelona y al almacén Schocken de  Mendelsohn  en  Chemnitz.  En  una  carta  del  CIAM,  Gino  Pollini  y  Piero  Bottoni enfatizaron que esta exhibición independiente del CIRPAC demostraba que el trabajo presentado era la “más moderna arquitectura de la avant-garde europea”. 


A  finales  de  abril  de  1933,  la  postergación  del  CIAM  IV  por  parte  de  los  esperados anfitriones, el Centrosoyuz soviético, llevó al CIRPAC a tomar la decisión de organizar dicho congreso en un crucero que partiría de Marsella a Atenas, donde el grupo griego del CIAM, representado por Stamos Papadakis, había logrado el patroci-nio de la Cámara Técnica de Grecia. Cerca de 100 delegados del CIAM, invitados de honor y esposas participaron en este legendario evento. Aunque la mayoría del grupo alemán no pudo asistir, el recientemente fundado MARS (Modern Architecture Resear-ch Group) de Gran Bretaña tuvo representación por primera vez en el CIAM, liderado por Wells Coates. Las delegaciones de España –liderada por Sert y Torres e incluyendo a Antoni Bonet– y de Polonia –liderada por Szymon Syrkus– estuvieron presentes, así como grupos de Canadá, Italia y otras 10 naciones europeas, todos hablando alrededor de 11 diferentes idiomas. 

Aparte de los arquitectos, el CIAM IV también incluyó al pro-fesor de la Bauhaus Laszlo Moholy-Nagy, nacido en Hungría; al pintor Fernand Léger; al diseñador de mobiliario Charlotte Perriand; al diseñador gráfico Otto Neurath, y a los editores Pierre Winter, Jean Badovici de L’Architecture Vivante y Christian zervos de Cahiers d’Art.Luego del discurso de inauguración hecho en francés por Van Eesteren a bordo de la nave el 29 de julio de 1933, Giedion, también en francés, hizo un repaso de  la  historia  del  Congreso  de  la  Ciudad  Funcional,  donde  anotaba  con  pena  que Ernst May y la documentación que había preparado sobre urbanismo soviético para el encuentro en Berlín no había tenido suficiente resultado para el CIAM. En el siguiente día, rodeado por los planos de 33 ciudades industriales, Le Corbusier dio su discurso, el cual fue quizá la proclamación más concisa de su posición sobre la idea de la Ciudad Funcional. Inició diciendo que los planos preparados para el congreso representaban una “biología del mundo”. Para determinar cómo debían ser analizados, argumentaba que entre “los dos destinos contradictorios y hostiles” del individuo y de la colectividad, un punto de equilibrio podía ser encontrado. 


El objetivo de preparar los planos a la misma escala con sus convenciones era establecer las reglas urbanísticas para ofrecer a las autoridades. Insistía en que el principio fundamental era una ciencia tridimensional y en que la altura era de gran importancia entre dichas dimensiones. Esas tres dimensiones implicaban la noción del tiempo, y nuestras vidas eran reguladas por el “régimen solar” de 24 horas y el año. Dentro de esta realidad el  urbanista  debía  escoger entre dos tendencias: extender la ciudad o contraerla. Si se escogía la segunda opción, debía usarse el concreto y el acero para transmitir “los placeres esenciales: el cielo, los árboles y la luz”. Le Corbusier enfatizaba que la base de los juicios del CIAM debía ser la “habitación”, la primera de una jerarquía de cuatro funciones: habitación, trabajo, recreación y circulación. 

Continuaba diciendo que el ambiente natural debía ser salvado del “leproso suburbio” de las ciudades existentes. Sostenía que mientras el patrón de la ciudad jardín satisfacía al individuo, perdía las ventajas  de  la  organización  colectiva.  Para  él,  la  ciudad  concentrada  favorecida  con las técnicas modernas, aseguraba la libertad del individuo dentro de la estructura residencial y organizaba la vida colectiva en relación con la recreación. Describía cómo el automóvil y el ferrocarril habían creado una nueva escala, y cómo, al mismo tiempo, el  urbanista  debía  enfrentar  un  “gran  obstáculo”  para  la  reconfiguración  urbana,  la propiedad privada. 


En su charla, Le Corbusier insistía en que el suelo de las ciudades y del campo debía ser “movilizado” por el trabajo colectivo, pero no abogaba por una expropiación  comunista  del  suelo  en  la  propiedad  privada.  Sostenía  que  esta  debía ser la “afirmación, la dirección profesional” del CIAM, la cual debía ser objetivamente presentada a las autoridades (Van Eesteren, 1933).El resto del congreso se ocupó, entonces, con las presentaciones de los planos a misma escala, los cuales fueron posteriormente exhibidos en Atenas. Típicamente, dichos planos incluían información sobre las condiciones geográficas de varias ciudades y discusiones sobre los problemas de cada una de ellas.


 El delegado italiano, Gino Pollini, sostuvo que “en el vientre histórico de Roma la mayor parte de la población vivía  en  casas  viejas,  con  una  densidad  que  variaba  entre  819  y  230  personas  por hectárea”, y similares densidades y condiciones insalubres habían sido identificadas en muchas otras ciudades. Problemas de tiempo de movilización y congestiones de tráfico se notaban en grandes ciudades como Berlín, Londres y París. 

Al tiempo, quizá algunas de las peores críticas a la dispersión urbana fueron articuladas en este evento, como cuando Wells Coates anotó que, debido a la naturaleza de la vivienda unifamiliar ais-lada en Londres, la población debía extenderse sobre un área inmensa. El delegado de Canadá, Hazen Sise, presentó un estudio de Neutra para Los Ángeles, describiéndola como una “ciudad extensa”, y Van Eesteren agregó la presentación de Knud Lonberg Holm  sobre  Detroit  con  la  descripción,  “Viviendas  privadas  de  uno  o  más  pisos  de construcción ligera. Resultado: gran consumo de suelo”.

 Syrkus comentó sobre la tendencia de la región de Varsovia hacia la dispersión de pequeñas unidades individuales de  vivienda,  etcétera.  Aun  cuando  Van  Eesteren  y  Sert  estaban  para  este  momento involucrados en el desarrollo de planes para Ámsterdam y Barcelona, respectivamente, estos  no  fueron  presentados  en  el  CIAM  IV. 


 Le  Corbusier  tampoco  presentó  ningún proyecto específico, pero en su discusión sobre París articuló un objetivo del evento al decir que “debemos organizar una red para darle vida a este organismo”. Para mantener la vida intelectual, también debían asegurárseles al cuerpo humano los “elementos biológicos” de  “aire,  luz  solar y espacio”. Para  crear  espacio  para  la recreación, una parte de la ciudad existente debía ser demolida, aunque al mismo tiempo, “las cosas antiguas debían ser respetadas”. Una versión de los procedimientos del CIAM IV fue publicada en el diario técnico griego TEXNIKA XPONIKA - Les Annales Techniques en octubre-noviembre de 1933. Sin embargo, dichos enunciados fueron controvertidos cuando hacia el fin del CIAM IV surgieron complicados debates entre los delegados sobre la cuestión de cómo debería ser adquirido el suelo para llevar a cabo las extensas reformas planteadas por el CIAM.

 Imagen  6.  Conferencia  de  Le  Cor-busier  a  bordo  del  Patris  II  en  el CIAM IV, 1933.Fuente: Mumford (2000).


 Le Corbusier recomendaba desarrollar un apoyo popular a lo que él denominaba “la movilización del suelo” mientras otros delegados insistían en la expropiación gubernamental de la tierra para el “re-desarrollo” urbano. Luego de este punto, y reflejando la cambiante  situación  para  el  CIAM,  Giedion  sugirió  a  Le Corbusier que el CIAM debía empezar a definirse a sí mismo  como  una  organización  de  “técnicos”  apolítica  y  no debía continuar con la posición “política” de referirse a la Unión Soviética como un modelo para el urbanismo. 


Luego  del  CIAM  IV,  el  CIAM  se  reunió  de  manera  frecuente  aun  bajo  la  explosión  de  la  Segunda  Guerra Mundial, pero fue incapaz de obtener el apoyo de la mayoría  de  las  autoridades  gubernamentales  de  Europa con  relación  a  sus  nuevas  perspectivas  urbanísticas.  Esto fue un hecho irrefutable en Alemania y en la URSS, pero también fue el caso en general en Gran Bretaña, Francia e Italia para este momento, con algunas pocas excepciones, tales como la Cité de la Muette de Beaudouin y Lods en Drancy (1933). En uno de los pocos lugares donde los que detentaban  el  poder  apoyaron  fuertemente  las  ideas  del CIAM,  el  grupo  catalán  GATCPAC  publicó  un  detallado manifiesto  ilustrado  mostrando  los  nuevos  métodos  y  su aplicación en Barcelona. Para difundir sus ideas, el CIAM vislumbró  dos  publicaciones  internacionales  resultantes del CIAM IV, una destinada a ser una edición popular, con muchas ilustraciones, y otra más “científica”, con todo el material relativo a los 33 planes urbanos presentados en el  CIAM  IV.  En  el  encuentro  del  CIRPAC  en  Londres  en 1934, Sert fue designado como cabeza de una comisión encargada de publicar el volumen popular, y Mart Stam, quien no había podido asistir a este encuentro por haber sido detenido por oficiales británicos cuando viajaba des-de  la  URSS,  sería  el  responsable  de  la  publicación  de  la obra  más  extensa,  la  cual  tendría  estudios  detallados  de Berlín y de otras ciudades. Otto Neurath elaboraría el diseño gráfico de dicha obra, pero surgieron desacuerdos y la mayor parte del material, que jamás fue publicado, aparece haber sido destruida durante la guerra.


 Eventualmente, Sert publicó una versión bastante modificada de la versión popular que se había planeado, esta vez en Estados Unidos, en 1942, bajo el título Can Our Cities Survive? (Sert, 1942), y  Le  Corbusier  publicó  su  propia  versión  de  los  extensos debates del CIAM IV con el título de La Charte d’Athenesen 1943 (Le Corbusier, 1943). Dichos textos se convirtieron en los principales documentos de los planteamientos de la Ciudad Funcional luego de la guerra, dejando en la sombra las importantes contribuciones de algunos otros miembros del CIAM tales como Stam, Neurath y Moholy-Nagy, quienes habían estado involucrados en los esfuerzos de publicación del CIAM durante la preguerra.


Imagen 7. Le Corbusier. La Charte d’Athenes, 1938.Fuente: Mumford (2000).



l futuro para el CIAM debió haber aparecido mucho más brillante cuando los dos eventos fueron planeados  por  primera  vez  que  lo  que  sería  unos  cuantos años después. La Guerra Civil Española no iniciaría hasta 1936, y en Francia las ideas del CIAM parecían estar siendo aceptadas por los grupos de la clase trabajadora durante la era del Frente Popular Francés en 1936 y 1937. En Italia hubo una aceptación limitada de las ideas del CIAM por parte del régimen. Al tiempo, en Estados Unidos, para 1934, el gobierno federal había empezado a apoyar la demolición y reconstrucción de antiguas áreas residenciales para trabajadores en las partes centrales de las ciudades, y algunos miembros del CIAM, tales como Hans Schmidt, continuaron  trabajando  en  la  URSS  hasta  1937.  

Debido a los acontecimientos que empezaban a suceder no estaban claros para los miembros del CIAM de aquella época, sus  actividades  desde  1934  a  1939,  que  ahora  parecen infructuosas, no han sido estudiadas en detalle. 

Probablemente el evento de mayor importancia fue la exhibición sobre la Ciudad Funcional en 1935 en Ámsterdam, la cual puso las exitosas actividades de planeación realizadas por Van Eesteren para la oficina de Obras Públicas de Ámsterdam en el contexto internacional. Menos exitoso aún fue el CIAM V, llevado a cabo durante la exhibición de París en 1937 sobre el tema de “Logis et Loisirs”. Desde 1932 Le Corbusier había estado preparando  varios  proyectos  que  esperaba  que  estuvieran realizados para su exhibición, aunque en últimas tuvo que conformarse con el modesto pabellón de los “Temps Nouveaux”,  el  cual  usó  para  presentar  su  versión  de  las ideas  del  CIAM.  

El  ambicioso  programa  del  CIAM  V  intentó expandir la idea de la Ciudad Funcional dentro de la  planeación  regional  al  servicio  de  las  masas.  Aun  así, hubo  realmente  poca  atención  en  este  evento  a  las  actividades de aquellos grupos holandeses, belgas y escandinavos  relacionados con  el  CIAM,  lo  cual  anticipaba  su posterior marginalización de las publicaciones oficiales, a pesar de su considerable influencia en sus países nativos para  este  momento  y  aún  después.  Para  el  CIAM  V,  tres proyectos  modelos  fueron  seleccionados  para  demostrar los principios de la Ciudad Funcional. La planeación regional habría de seguir el ejemplo del plan para la “Varsovia Funcional” elaborado por Syzmon y Helena Syrkus y Jan Chmielewski, el cual habían empezado a desarrollar para 1933  y  habían  presentado  en  la  reunión  del  CIRPAC  en Ámsterdam en 1935. Este plan analizaba Varsovia dentro de  su  contexto  continental,  nacional  y  regional,  y  proponía  enfrentar  el  problema  de  la  expansión  urbana  a través del uso de una nueva infraestructura de transportes, la cual conectaría áreas factibles de desarrollar con diferentes tipos de agricultura con los centros de industria y comercio. Si bien no fueron llevados a la realidad, tras la guerra algunos elementos de este plan se combinaron con la reconstrucción de la Ciudad Vieja en el esfuerzo de reconstrucción. 


El Plan Maciá para Barcelona, elaborado por  Sert  y  el  GATCPAC,  fue  presentado  como  el  modelo de planeación urbana en el CIAM V, con la propuesta del  mantenimiento  de  la  “promenada  arqueológica”  de la  Ciutat  Vella  de  forma  simultánea  a  la  reconstrucción de los bordes de la ciudad con los nuevos bloques de vivienda de la ciudad radiante, articulados a la costa con las nuevas autopistas. 

Al  igual  que  otros  miembros  del  CIAM,  en  su  ponencia en el CIAM V, Sert enfatizaba el problema del caos de las ciudades industriales modernas como una amenaza a la moral y a la salud pública de los habitantes de la clase trabajadora.  La  solución,  argumentaba  Sert,  era  reorganizar estas ciudades para hacerlas más “armoniosas y útiles”. Esto  solo  sería  posible  usando  lo  que  él  denominaba  los “grandes medios técnicos presentes ahora y apoyados por la nueva economía urbana”. 

Al igual que Le Corbusier, cuya Ville  radieuse  había  sido  publicada  para  esta  época,  Sert insistía  en  que  las  ciudades  debían  ser  entendidas  como parte  de  un  todo  económico,  social  y  político,  articulado con la complejidad de las actividades biológicas de lo que él llamaba “el individuo y la colectividad”. Influenciado por Patrick Geddes, cuyas ideas habían tenido una gran repercusión en las décadas de 1920 y 1930, Sert argumentaba que  el  urbanista  debía  tener  en  cuenta  las  circunstancias geográficas y topográficas, así como la particular situación económica  y  política  para  delinear  planes  de  futuro  desarrollo  que  fueran  “precisos  pero  no  rígidos”.  

Para  Sert, producir  dichos  planes  debía  ser  el  objetivo  del  CIAM  y servir como una guía para todos los problemas de lo que denominaba la “reorganización” de las ciudades modernas. Esto incluiría “el estudio preciso y esquemático de la oferta natural de la región”, incluyendo el clima, la topografía, los  factores  agrícolas  y  naturales,  así  como  la  localización de las zonas industriales y residenciales. Siguiendo el modelo  del  Plan  Maciá,  Sert  distinguía  entre  el  plan  general esquemático, el “plan général directeur”, el cual traduciría posteriormente como “plan piloto”, y el más preciso “plan régulateur”, o “plan maestro”, el cual estaría “basado en la realidad inmediata”. Los planes también incluirían la legislación  propuesta  para  proteger  “en  sus  condiciones  naturales” los “centros de recreación” existentes o futuros y las áreas de “interés arqueológico”. El objetivo final era delinear la “ciudad-región” en una forma funcional y armoniosa, y su  presentación  en  el  CIAM  V  articulaba  claramente  las bases de gran parte del trabajo posterior del CIAM.

En  esta  visión  del  CIAM  de  seguro  existe  un  deseo  de  usar  el  diseño  y  de  recuperar  el  control  sobre el  ambiente  metropolitano.  Para  Le  Corbusier,  “el  plan debía gobernar”, ya que solamente él podía integrar las estructuras  sociales  con  las  nuevas  tecnologías  dentro de  un  “cuerpo  racional”,  uno  que  pudiera  resolver  las contradicciones de las modernas capitales socialistas. La búsqueda  por  la  “armonía  biológica”  remplazaría  así  a aquella  puramente  utilitarista  o  de  ganancia  comercial, con la vivienda individual como “célula” básica del “organismo”  metropolitano.  El  tráfico  estaría  organizado  a través de la separación de “velocidades lentas y rápidas”, y  la  recreación  masiva  se  organizaría  de  forma  tal  que proveyera sitios de esparcimiento dentro de la ciudad y en sus afueras. 

En tanto que la posición política de Sert y  de  otros  miembros  del  CIAM  es  difícil  de  caracterizar para ese momento, viéndolo desde una perspectiva contemporánea,  para  Le  Corbusier  el  sindicalismo,  basado en las “jerarquías orgánicas” de los diferentes tipos de actividades más que en un gobierno central, sería el medio  por  el  cual  se  debía  llevar  a  cabo  el  plan.  A  ni-vel  del  distrito,  el  modelo  de  “reorganización  distrital” fue  provisto  por  los  miembros  suizos  del  CIAM,  Rudolf Steiger  y  Werner  Moser,  los  cuales  buscaron  remodelar un  distrito  de  clase  obrera  de zurich  con  nuevas  auto-pistas, parques y con algunas nuevas construcciones. Sin embargo, en este mismo congreso Le Corbusier expuso un  proyecto  de  “reorganización  distrital”,  mucho  más radical, para un hacinado “îlot insalubre numero six”, localizado en la antigua zona del área norte del Boulevard Saint-Antoine en París. Igualmente, parte de la discusión de este congreso giró alrededor de su proyecto para la “reorganización  rural”,  el  cual  fue  presentado  por  el cliente de Le Corbusier, Norbert Bézard, un hacendado de la región de Sarthe. 

Pocos  resultados  coherentes  quedaron  del  CIAM V,  y  para  1937,  muchos  de  los  miembros  se  hallaban en  el  exilio.  Gropius,  Breuer  y  Moholy-Nagy  se  habían marchado hacia Londres inicialmente y luego ocuparían posiciones  académicas  en  Estados  Unidos;  Arthur  Korn permaneció en Londres y se convirtió en director de la Asociación  de  Arquitectos;  Ernst  May  se  marchó  para el África Oriental Británica, donde permanecería hasta 1954, año en el que regresaría a Alemania; Mart Stam regresó  a  Holanda  y  continuó  allí  su  trabajo;  Hannes Meyer,  luego  de  un  breve  período  en  su  Suiza  natal, emigró a México donde intentó continuar con la tendencia funcionalista de sus años previos en la Bauhaus, sin mayor éxito; Sert y Ernest Weissmann emigraron a Nueva york  en  1939  y  trabajaron  juntos  por  un  tiempo  hasta cuando Weissmann fue designado Director Diputado de UNRRA de 1944 a 1947, convirtiéndose posteriormente  en  un  oficial  de  las  Naciones  Unidas. 

 Para  1939,  el CIAM, con las importantes excepciones de Le Corbusier y Alvar Aalto, había sido llevado al exilio desde Europa, y solo sería tiempo después que su urbanismo encontraría total aplicación, con resultados controversiales que aún permanecen con nosotros hasta nuestros días. 


2. El CIAM de la posguerra 

Una  vez  en  Estados  Unidos,  Gropius,  Sert  y Giedion empezaron a realizar esfuerzos para establecer allí   el   CIAM.   Los   representantes   norteamericanos existentes, Richard Neutra en Los Ángeles y Knud Lonberg Holm  en  Nueva york,  fueron  parte  de  esos  esfuerzos, pero  Giedion  y  Sert  fueron  quienes  pusieron  mayores energías.  Giedion  había  organizado  un  encuentro  del CIAM en la Feria Mundial de Nueva york en 1939, para la cual algunos miembros europeos, incluyendo a Alvar Aalto,  habían  diseñado  algunos  pabellones  de  distintos países,  y  donde  Gropius  y  Breuer  habían  diseñado el  Pabellón  de  la  Estación  Pennsylvania.  La  situación mundial cambió radicalmente en el año siguiente, luego de que Hitler invadiera Polonia en septiembre de 1939 y  de  que  para  junio  de  1940  hubiera  conquistado  casi toda la Europa occidental. 

Al principio, Le Corbusier no vio  contradicción  alguna  entre  sus  ideas  y  el  hecho  de trabajar para el régimen de Vichy de ocupación alemana en   1941.   El   Secretario   General   del   CIAM,   Sigfried Giedion,  quien  había  regresado  a  Suiza  tras  completar una serie de conferencias en Harvard en 1939, respondió a la solicitud hecha por Le Corbusier, quien representaba al Ministère de la Production Industrielle et du Travail de Vichy, de enviar algunas copias de las versiones previas de  las  publicaciones  de  los  CIAM  para  publicar  así  su propia  versión  de  los  resultados  del  CIAM  IV,  la  cual aparecería bajo el título de La Charte d’Athènes en 1943.

 En una carta dirigida a Le Corbusier, Giedion describió su recientemente  publicado Space,  Time  and  Architecture como un esfuerzo por demostrar la “unidad de métodos” entre el pensamiento y el sentimiento, y habló en favor de  su  experiencia  en  Estados  Unidos.  Aparentemente aún en estrecho contacto con Gropius y Sert en Estados Unidos,  Giedion  le  contó  a  Le  Corbusier  que  el  último casi había terminado “su labor del Congreso de Atenas”, y el resultado de esto sería publicado bajo el título Should Our  Cities  Survive?,  título  que  en  1942  cambió  a Can Our Cities Survive?, merced a sugerencia de la Harvard University  Press,  luego  de  que  Estados  Unidos  hubiera entrado a la guerra en diciembre de 1941.

Durante 1942, parece haber tenido lugar poca actividad en el CIAM. Sert se embarcó en un proyecto profesional conjunto en Nueva york junto a Paul Lester Wiener, creando la firma Town Planning Associates, la cual comenzó activamente a buscar comi-siones en Brasil. Sin embargo, para inicios de 1943, Sert, Weissmann y Giedion, quien había  regresado  a  Estados  Unidos  en  1941  con  el  fin  de  participar  en  algunas  confe-rencias en yale y quien permanecería allí durante la guerra, se reencontraron en Nueva york para considerar reiniciar el CIAM. El Capítulo del CIAM para la Planeación de la Posguerra que resultó de dicho encuentro se reunió de forma regular en Nueva york, pero para dicha época el presidente nominal, Richard Neutra, se encontraba diseñan-do escuelas y viviendas en Puerto Rico.

 Pocos resultados emergieron de las actividades de dicho Capítulo, las cuales se enfocaban en el uso de la prefabricación en la reconstrucción de una futura Europa de la posguerra. Este CIAM de Nueva york se reunió al tiempo que otra filial del CIAM, la ASPA, la Sociedad Americana de Planificadores y  Arquitectos,  un  grupo  organizado  por  Serge  Chermayeff,  Joseph  Hudnut,  Sert  y otros más, cuyo interés principal giraba alrededor de los problemas de la vivienda y el urbanismo en Estados Unidos. La ASPA se reunió entre 1943 y 1948, y en últimas tuvo un gran número de integrantes entre los cuales se incluían Sert, Eero Saarinen, Louis Kahn, Gordon Bunshaft, Herbert Bayer, George Howe, Walter Gropius, Phillip Johnson, Richard Neutra, I. M. Pei, William Wurster, y muchos más. Sin lugar a du-das, fue un punto de encuentro crucial para varias figuras influyentes en la transferencia del urbanismo del CIAM a Estados Unidos y fue un esfuerzo para avanzar en la articulación entre la arquitectura moderna y el activismo político, hecho similar a los anteriores grupos del CIAM de Europa. 

Inicialmente, el grupo tuvo aspiraciones de  reemplazar  al  Instituto  Americano  de  Arquitectos,  AIA,  como  la  organización nacional líder de dicha profesión, y Hudnut renunció a su membresía del AIA en 1945 con la idea de que la ASPA pronto remplazaría a dicha organización. 


Imagen 8. Portada diseñada por Herbert Bayer para el libro Can Our Cities Survive? de José Luis Sert, ca. 1941.Fuente: Mumford (2000).


Si bien el papel exacto de la ASPA como grupo que obtuviese resultados específicos aún parece  difuso,  sus  miembros  estuvieron  envueltos  de  forma  directa  o  indirecta  en  varios intentos claves por implementar el urbanismo moderno en Estados Unidos en la década de 1940, incluyendo la participación en el proceso de selección del sitio para las oficinas principales de la Naciones Unidas en 1946, la vinculación como jurados y participantes en el Concurso para el Monumento Nacional de Jefferson en St. Louis en 1947-1948 y en la exposición Una Mejor Filadelfia de 1947.

 Su apoyo a la intervención directa del gobierno en el problema de la vivienda y de la planeación con miras a mejorar las condiciones de vida para todos puso a la organización en la tendencia del New Deal Democrático reinante para entonces, lo que marcaba un giro político significativo, y aun no estudiado totalmente, de la posición política anterior y más radical del CIAM en Europa. Al  final  de  la  guerra,  la  ASPA  y  el  CIAM  de  manera  conjunta  invitaron  a  Le Corbusier a dar una serie de conferencias en Nueva york en enero de 1946, al tiempo que su modelo para la reconstrucción del pueblo francés de St. Dié era exhibido en el Rockefeller Center. Este, junto al proyecto para Cidade dos Motores de Sert y Wiener, fue exhibido en el Museo de Arte Moderno de Nueva york en 1947, ofreciendo una versión revisada del urbanismo del CIAM, en la cual se adicionaba una “quinta función”, el centro cívico o “corazón de la ciudad”. Esta nueva dirección había sido anticipada en el manifiesto de Sert, Giedion y Fernand Léger de 1943, Nueve puntos sobre la monumentalidad, en el cual tácitamente se reconocía que el CIAM de la preguerra había tenido muy poco en cuenta la importancia de los espacios cívicos y culturales para el encuentro de los peatones y la vida pública. 


En Europa, sin embargo, a medida que muchos de los miembros del CIAM empezaban a preparar planes de posguerra para vivienda y reconstrucción, este aspecto parecía cada vez menos importante que la necesidad de reconstruir las ciudades y proveer rápidamente vivienda masiva. El CIAM se dividió entonces sobre el tema de la relevancia del “corazón de la  ciudad”  y  su  corolario,  “la  síntesis  de  las  artes”,  enfatizado  por  Le  Corbusier, Sert y Giedion. 


 Imagen 9. Le Corbusier. Plan para la reconstrucción de St. Dié, Francia, 1945.Fuente: Mumford (2000).


Este tema fue rechazado como tema principal del primer CIAM de la posguerra, el CIAM VI, a llevarse a cabo en Bridgewater, Inglaterra en 1947, ya que  muchos  grupos  preferían,  en  su  lugar,  el  interés  por  la  racionalización  de  la vivienda y el proceso de producción de asentamientos. El grupo holandés estaba dividido entre esta corriente principal de funcionalistas, como Willem van Tijen, y los miembros jóvenes más corbusierianos y orientados al arte, tales como Aldo van Eyck, un protegido de la esposa de Giedion, la historiadora de arte Carola Giedion-Welckler. Como resultado, el CIAM VI fue simplemente titulado como el “Congreso de  la  Reunión”,  y  ningún  tema  específico  fue  enunciado,  aun  cuando  la  nueva dirección fue validada con la designación de Sert como presidente, en reemplazo del holandés Cornelis van Eesteren. Sert, junto a Wiener, estaba para este momento profundamente involucrado en  la  preparación  de  planes  maestros  para  Lima  y  Chimbote,  en  Perú,  y  en  1948 empezarían a realizar un trabajo similar en Colombia. Estos esfuerzos planificadores fueron las primeras aplicaciones de gran envergadura de la nueva posición revisada del CIAM de la posguerra en el Nuevo Mundo, aunque su importancia histórica ha sido raramente reconocida. 

Sert consideraba que estos planes se convertirían en modelos para la futura urbanización alrededor del mundo. A diferencia del urbanismo de  Le  Corbusier,  representado  para  aquel  momento  solo  en  la  construcción  de  la Unité d’Habitation en Marsella, los proyectos de Sert no se basaban exclusivamente en  la  vivienda  en  altura  y,  en  cambio,  recomendaban  la  preservación  de  las  áreas históricas  existentes.  Al  mismo  tiempo,  estos  planes  eran  similares  al  trabajo  de  Le Corbusier en relación con la búsqueda de la preservación de las áreas naturales a lo largo de la región metropolitana y en la asunción de que en el futuro, los sistemas de  autopistas  y  de  senderos  peatonales  se  convertirían  en  los  principales  medios urbanos de transporte. Sin embargo, la base política para estos planes parece haber sido tenue, y solo unos cuantos fragmentos de ellos fueron llevados a cabo. Aun así, los planes para Chimbote, Tumaco y Medellín fueron exhibidos en el CIAM VII en Bérgamo,  Italia,  el  primer  congreso  del  CIAM  con  Sert  como  presidente,  donde  él enfatizó la idea del “corazón” dentro de la estructura de planeación del CIAM basada en las cuatro funciones. Nuevamente, esta aproximación no fue aceptada por todos los delegados, y el grupo argentino, liderado por un antiguo compañero de Sert en el GATCPAC, Antoni Bonet, se dividió con respecto a la validez de la modificación del urbanismo del CIAM de la preguerra.


Imagen 10. ASCORAL. Grilla CIAM, 1947Fuente: Mumford (2000)


 El  CIAM  VII  fue  importante  también  por  ser  el  primer  congreso  en  utilizar  la “grilla CIAM”, una forma de organizar la información sobre los proyectos presentados en el CIAM. La grilla fue desarrollada por Le Corbusier y el grupo francés ASCORAL en el otoño de 1947, y este esfuerzo por unificar una organización que cada vez parecía más dividida. Las  tensiones  políticas,  así  como  las  diferencias  arquitectónicas,  fueron  parte del problema: en 1948 había existido la posibilidad de sostener el CIAM VII en Praga,  reflejando  la  actividad  de  preguerra  del  grupo  checoslovaco,  el  cual  había  sido exhibido con gran energía en el CIAM VI. Sin embargo, una revolución comunista en febrero de 1948 en Checoslovaquia puso ese país bajo un firme control de la Unión Soviética,  mientras  en  Italia  Estados  Unidos  respaldó  a  los  cristianos  demócratas  de centro-derecha, quienes fueron elegidos en 1948, lo que evitó la toma comunista. 


El desarrollo político de estos dos países en 1948 anunció de alguna manera la aparición de la Guerra Fría, la cual iniciaría un año después con la división oficial de Alemania, la fundación de la OTAN y la proclamación de la República Popular de China. En lo que más tarde se convertiría en el bloque de la Unión Soviética, las actividades del CIAM fueron clausuradas, en tanto que en la Europa occidental florecieron en varios países, incluyendo Italia, Suecia, Holanda, Bélgica y Gran Bretaña.

Con el fuerte apoyo de Le Corbusier, el grupo inglés MARS fue escogido como el  anfitrión  para  el  CIAM  VIII.  Siguiendo  la  nueva  aproximación  de  Sert  sobre  “el corazón de la ciudad”, evidente en sus planes urbanos de Latinoamérica, Jacqueline Tyrwhitt,  miembro  del  grupo  MARS,  fue  designada  como  organizadora  del  CIAM VIII alrededor de dicho tema. Fue llevado a cabo en un centro de conferencias de Hoddesdon,  cerca  a  Londres,  en  julio  de  1951,  al  tiempo  que  el  Festival  de  Gran Bretaña, cuyo diseño fue dirigido por Jane Drew, miembro de MARS. En la versión no  publicada  del  discurso  de  apertura  de  Sert  para  el  CIAM  VIII,  el  cual  observó que la “mayoría de las personas en las ciudades se han marchado a los suburbios”, correspondiendo a la “tendencia de descentralización en las ciudades”. De forma tal que “si queremos hacer algo con nuestras ciudades, tenemos que hablar de nuevo en términos cívicos y urbanos”. Para Sert, la única “ventaja real de vivir en una ciu-dad” es “acercar al hombre con el hombre, y hacer que la gente intercambie ideas y sea capaz de discutirlas de forma libre”.

 En los suburbios emergentes, “noticias o información  o  visiones  o  imágenes”  vienen  a  través  de  la  televisión  (la  cual  estaba ampliamente difundida en 1950) o la radio; por lo tanto “uno ve lo que se le mues-tra y escucha lo que se le es dicho”. Sert encontraba esto “terriblemente peligroso”, ya que en el futuro “la gente en los suburbios solamente vería y escucharía” lo que aquellos  en  control  de  los  medios  “quisieran  que  vieran  y  que  escucharan”,  interfiriendo  “de  forma  directa  con  nuestras  opciones,  nuestra  libertad  y  la  opción  de escoger una cosa u otra”. ya que “la ciudad se ha convertido en una monstruosidad terriblemente sobreextendida”, el objetivo de Sert para el CIAM era establecer una “red de corazones de ciudades” para recentralizar las grandes áreas urbanas alrededor de centros peatonales que reunieran a la gente. Sert creía que estos corazones permitirían la reunión pública y la discusión para “discutir sobre todas las cosas que son extremadamente importantes para nuestra forma de vida si es que vamos a mantener la vida cívica en la cual creemos”. Deberían ser planificados “por un grupo de especialistas”, con lo cual se refería a “sociólogos principalmente”.

 Un aspecto clave sería la aplicación general de la idea de reservar las áreas centrales solo para los peatones, de forma tal que “desde el más grande al más pequeño, el corazón debería ser siempre una isla para el peatón” (Tyrwhitt, Sert, Rogers, 1952).

La invitación oficial del grupo MARS al congreso, escrita probablemente por Tyrwhitt,  había  relacionado  el  concepto  del  corazón  de  la  ciudad  con  las  cuatro funciones del CIAM –habitación, trabajo, transporte y recreación– y con los “cinco niveles-escala” metropolitanos –villa o grupo de viviendas primario, pequeño centro de mercado o barrio, pueblo o sector de ciudad, ciudad y metrópolis de varios mi-llones de habitantes–, cada uno de los cuales tendría su propio corazón. Sert inició su  charla  con  una  cita  sobre  la  centralidad  humana  de  la  plaza  cívica  del  filósofo español José Ortega y Gasset, escrita en La rebelión de las masas, anotando, además, que “luego de nuestros estudios para llevar el espacio abierto dentro de las ciudades, sentimos  sin  embargo  la  necesidad  por  un  espacio  cívico  en  algún  lugar  de  ellos”. Sert  sostenía  que  pocos  principios  generales  más  podrían  ser  establecidos,  ya  que “los países son diferentes”, en clima, “modos y medios de vida, costumbres y muchos otros factores”. 

Para el CIAM VIII, incluso Gropius había empezado a articular la nueva dirección del CIAM, recomendando centros de ciudad que “regresaran al peatón el derecho a la vía”, basados en las plazas de los pueblos mexicanos y en la piazza San Marco en Venecia. 

En  su  conferencia  “La  escala  humana”,  también  ofrecida  en  el  CIAM  VIII,  Gropius exhibió su recientemente finalizado Graduate Center en Harvard, enfatizando cómo él había continuado la secuencia de patios peatonales que se hallaban en otras partes del campus. Sus estudiantes en el GSD, sin embargo, respondieron también de manera entusiasta al nuevo interés de la posguerra sobre “el corazón de la ciudad”, tal como lo  demuestra  la  tesis  de  1950  realizada  por  Robert  Geddes,  Martin  Sevely,  William Conklin y el arquitecto paisajista Ian McHarg, cuya propuesta para la reconstrucción del centro de Providence, Rhode Island, sintetizaba la arquitectura con el paisajismo a través del estudio detallado del área. Dicho proyecto fue exhibido en el CIAM VIII y una parte de él fue publicada en El corazón de la ciudad, junto con otros proyectos tales como el centro monumental de Le Corbusier para Chandigarh y el Parque de la Paz de Hiroshima, obra de Kenzo Tange. 


Imagen 11. Le Corbusier, P. L. Wiener y J. L. Sert. Boceto para el nuevo Centro Cívico de Bogotá, 1950.Fuente: Bannen (1991).


 A pesar de la creciente influencia europea de miembros del CIAM –como por ejemplo  van  den  Broek  y  Bakema,  cuyo  proyecto  Lijnbaan  para  usos  mixtos  en  Rotterdam, iniciado en 1948 e inexplicablemente obviado en el CIAM VIII, se había vuelto un in-fluyente modelo europeo de redesarrollo de áreas centrales de la ciudad–, no todos los arquitectos  modernos  y  planificadores  estaban  de  acuerdo  con  el  nuevo  enfoque  del CIAM tal como había sido propuesto por Sert. Una división empezó a surgir entre aquellos que admiraban a Le Corbusier y su apuesta por la “síntesis de las artes” y aquellos que deseaban retener el enfoque funcionalista de la preguerra. Quizá para ganar mayor apoyo para su posición, en el CIAM VIII Le Corbusier, Sert y Giedion promovieron la idea de dar mayor participación en la organización a los más vigorosos “miembros jóvenes”, quienes  revitalizarían  el  CIAM.  

El  desarrollo  de  lo  que  más  adelante  se  convertiría  en el Team X es demasiado complejo para ser retomado en detalle aquí, pero mientras se continuó con el interés de Sert en la vitalidad peatonal urbana, sus miembros rechazaron en últimas el concepto de “el corazón de la ciudad”. En una carta de 1951 de Bakema a Aldo van Eyck, aquel calificaba el proyecto para Bogotá de Le Corbusier (erróneamente) como algo “para un dictador que recientemente tomara el poder en un golpe militar”. 

Aun cuando van Eyck sugeriría tiempo después que el corazón de la ciudad tenía validez como un lugar en donde la gente pudiera expresar “sentimientos espontáneos”, también cuestionaba los esfuerzos de Sert por encuadrar el concepto dentro de la estructura de trabajo de las cuatro funciones del CIAM, a la cual veía como un conjunto inadecuado de categorías para el urbanismo. Los esfuerzos de Giedion, Sert y Le Corbusier para reposicionar el CIAM como una organización enfocada a trabajar por la creación de un ambiente físico que “satisficiera las necesidades emocionales y materiales del hombre al tiempo que estimulara su crecimiento espiritual” tuvo solo un éxito parcial, ya que pronto se haría evidente que algunos miembros aun veían al CIAM simplemente como una continuación de su patrón de la preguerra, en tanto que otros, como van Eyck, empezaron a demandar un cambio radical. 


Aunque el CIAM VI había creado una nueva estructura organizacional para el CIAM, el congreso de Bérgamo había revelado la incapacidad del CIAM para desarrollar una agenda coherente, prefigurando la falta de coherencia de la mayoría de los congresos de la posguerra. Estas tensiones llevaron entonces a un rompimiento casi total del consenso en el CIAM IX, que tuvo lugar en Aix-en-Provence, Francia, en 1953. El tema nominal fue el “Hábitat humano”, pero las diversas agendas propuestas por muchos de los miembros terminaron en un conflicto trágico entre diversos sectores. Los grupos franceses del norte del África, Marruecos y Algeria, liderados por Michel Ecochard y que incluían a Georges Candills y a Shadrach Woods, habían empezado a enfocar su  atención  en  lo  que  denominaban  el  “hábitat  para  las  mayorías”,  identificando la necesidad de mejor alojamiento, sanidad e infraestructura de transporte en los asentamientos cada vez más numerosos de las afueras de las ciudades industriales como  Algiers  y  Casablanca.  

Sus  innovadoras  estrategias  de  vivienda  y  planeación eran un paralelo de aquellos desarrollados por Sert en Latinoamérica, y un número mayor  de  sus  proyectos  fue  construido.  Le  Corbusier  y  Gropius,  sin  embargo,  no parecían apoyar este enfoque, y para el final del CIAM IX, un grupo que incluía a van Eyck, Bakema, Candills, Woods y unos jóvenes miembros británicos del CIAM, Alison y Peter Smithson, William Howell y John Volker, fundaron una causa común buscando  rechazar  la  postura  del  CIAM  de  la  preguerra,  la  cual  identificaban  en particular con Gropius.


Imagen  12.  Allison  y  Peter  Smithson.  Boceto  de  las  “escalas  de  asociación  humana”  incluido  en  el Manifiesto Doorn, 1954.Fuente: Mumford (2000)


En enero de 1954, algunos de estos jóvenes se reunieron en Holanda y publicaron el Manifiesto Doorn, en donde, de forma colectiva, rechazaban las cuatro funciones del CIAM como categorías de diseño y en su lugar proponían nuevas categorías basadas en la “asociación humana” y en la relación de los edificios con su localización ambiental. Algunos de estos jóvenes, liderados por Bakema, fueron encargados de organizar el CIAM X, por lo cual adquirieron el nombre del Team X. Este congreso había sido planeado para realizarse en Algiers, pero debido a la Guerra de Argelia, fue trasladado a Dubrovnik en la antigua yugoslavia, donde  se  llevó  a  cabo  en  1956.  

Luego  de  varios  días  de presentaciones y de divisiones entre aquellos del Team X y aquellos que el Team X denominaba como la “generación media”,  la  cual  incluía  a  Sert,  Enesto  Rogers  y  otros,  Sert anunció que el CIAM, en la forma como era conocido, se desintegraría. él  y  otros  miembros  del  Consejo  del  CIAM se embarcaron entonces en el inútil esfuerzo de crear una nueva y pequeña estructura llamada el CIAM II, la cual in-cluiría grupos de Asia, Medio Oriente, Europa, Norteamé-rica  y  Sudamérica.  Aunque  estos  esfuerzos  contaban  con el apoyo de Kenzo Tange y de otros en el Japón, estos es-fuerzos no tuvieron éxito. En el CIAM’59, que tuvo lugar en Otterio, Holanda, en 1959, los Smithsons, van Eyck y otros miembros del Team X declararon “la muerte del CIAM” y dejaron de usar el nombre CIAM, tanto por su fuerte aso-ciación con la “arquitectura moderna” como por su deseo de escapar del control de Sert, Gropius y Giedion.


BIBLIOGRAFÍA

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CoHen, Jean-Louis (1987) : Le Corbusier et la mystique de L’URSS: Theories et projets pour Moscou 1928-1936. Princeton: Princeton University Press.

Gropius, Walter (1930): “Die soziologischen Grundlagen der Mi-nimalwohnung”, en: CIAM: Die Wohnung für das Existenzmi-nimum. Frankfurt: Englert and Schlosser.

Le  Corbusier  (1930):  “Analysis  of  the  Fundamental  Elements  of the Minimum House Problem”, en: CIAM: Die Wohnung für das Existenzminimum. Frankfurt: Englert and Schlosser.

Le  Corbusier  (1943): La Charte d’Athenes. París: Plon.

Miliutun, N. A. (1974): Sotsgorod: The Problem of Building Socialist Cities. Traducción de Arthur Sprague. Cambridge: MIT Press.

Mumford, Eric (2000): The CIAM Discourse on Urbanism, 1928-1960. Cambridge: MIT Press.

Sert, Jose Luis (1942): Can Our Cities Survive? An ABC of Urban Problems, Their Analyses, Their Solutions, Based on the Propos-als  Formulated  By  the  CIAM.  Cambridge:  Harvard  University Press.

Syrkus,  Helena  (1976): Ku  idei  osiedla  sporcznego,  1925-1975(Hacia  la  idea  de  la  vivienda  social).  Varsovia:  Panstwowe Wydawn. 

Tyrwhitt,  Jaqueline, J.  L.  Sert  y  Ernest  Rogers  (1952): CIAM  8: The Heart of the City. Nueva york: Pellegrini and Cudahy.

Van  Eesteren(1933):  “4e  Congres  International  d’Architecture Moderne. Rapport des séances du dimanche (matin et après-midi) le 30 juillet 1933, a bord du Patris II”. Documento del Archivo  Van  Eesteren.  Hoofdstuk  IV:  CIAM.  Netherlands  Ar-chitecture Institute (NAI), Rotterdam.



Fuente Revista Bitacora : https://revistas.unal.edu.co/index.php/bitacora/article/view/18632/19528



lunes, 11 de agosto de 2014

Sin lugar para los debiles. Capitalismo y crisis urbana.

Reproducimos la nota escrita en la Ideas de Izquierda N°9

El negocio inmobiliario y las políticas de exclusión en las ciudades argentinas

Andrés Arnone, Verónica Zaldívar y Esteban Mercatante
Mayo 2014.
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El capitalismo deja tantas viviendas vacias en el mercado, como gente sin techo.
Las ciudades mutan, se reproducen, se expanden. Este proceso de cambio no se da de forma ordenada ni pacífica, ya que sobre él operan también intereses de clase. La ciudad es en sí misma un espacio en disputa.

Bajo el imperio de la valorización del suelo

  En la Argentina de las últimas décadas se potenció la estratificación social. Como no podía ser de otra forma, las principales ciudades del país nos muestran descarnadamente, en la transformación de su espacio, esta polarización. La ciudad se transformó en sucesivas oleadas de frenética “recuperación” de barrios. Cada una de ellas limitó un poco más el espacio que pueden tener en el corazón de la ciudad los estratos medios y bajos, cuyas alternativas se reducen a un padecer una densificación habitacional en el centro y acomodarse en las edificaciones que surgen de la expansión “informal” en las periferias semiurbanas de la ciudad.
  La lógica del capital en el negocio inmobiliario tiende a la polaridad entre la oferta de viviendas de alto valor a la que acceden los ricos y las que se producen para el resto de los estratos de menores ingresos. En este segundo caso la inversión resulta proporcionalmente limitada, y la oferta crece menos que la demanda. Es comprensible ya que para el capital se trata de maximizar la rentabilidad. La “inversión en ladrillos” es un refugio de primer orden para los inversores, y esto contribuye a aumentar el valor de las propiedades, que el boom de la construcción –que lleva al aumento de los precios de los terrenos al crear una escasez de los mismos– no hace más que reforzar. El acceso a la vivienda se vuelve cada vez más difícil para los trabajadores y sectores medios, mientras paradójicamente crece el número de emprendimientos de lujo y viviendas deshabitadas, sujetas a la especulación del negocio inmobiliario.
Datos hasta el 2011, el grafico de este año no lo encontre.
  Durante las últimas décadas, esta lógica no solo no se vio limitada en lo más mínimo por las políticas públicas, sino todo lo contrario; en los principales entramados urbanos del país, la apuesta ha sido a favorecer el negocio inmobiliario. La ciudad de Buenos Aires resulta un caso paradigmático. A comienzos de los noventa, la gestión de Carlos Grosso concentró sus esfuerzos en el desarrollo de Puerto Madero. Se malvendieron áreas del parque Tres de Febrero correspondientes a La Rural para impulsar negocios inmobiliarios. A finales de la década, los gobiernos de De La Rúa e Ibarra impulsaron modificaciones al Código de Planeamiento de la ciudad para liberar espacio para edificaciones, que ya estaban avanzando en contravención con la legislación vigente. Durante la gestión de Macri crecieron las obras de infraestructura que apuntan a valorizar ciertas zonas, mientras se congeló el gasto público en vivienda.
  Según datos censales, entre 2001 y 2010 en CABA se registró un proceso de intensificación del uso del suelo que reemplazó casas por edificios, que ocupan el 90 % de la superficie residencial construida.  

Pero esta densificación en metros cuadrados no va de la mano con una densificación en términos de población. Desde el censo de 2001 la población de la Ciudad se incrementó solo en un 4,1 %, esto es, hay 114.013 personas más. En las zonas donde más se construyó no hubo aumento poblacional significativo, al contrario de las zonas de escasa construcción. Esto quiere decir que el patrón de distribución territorial de la población es inverso al patrón de valorización del suelo: las zonas de mayor precio del suelo y construcción no son las que más población atraen. Según los datos censales, las comunas 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat y Constitución) y 8 (Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano) son las que más crecimiento de la población registraron, al tiempo que ocupan los últimos puestos en la distribución de la edificación1, que se concentró en un 50 % en solo 5 comunas: 14 (Palermo), 12 (Coghlan, Villa Urquiza, Saavedra y Villa Pueyrredón), 13 (Nuñez, Belgrano, Colegiales), 6 (Caballito) y 11 (Villa Devoto, Villa Santa Rita, Villa del Parque y Villa General Mitre).
  La CABA expulsa a los trabajadores más precarizados hacia zonas periféricas, hacia villas o zonas sin urbanizar dentro y fuera de la ciudad, mientras que el sector público construye en cantidad inferior al crecimiento de los sectores desplazados por la inversión privada, muy cuidadoso de no afectar en lo más mínimo la ganancia de empresarios de la construcción y compradores especulativos, entre los cuales se encuentran numerosos funcionarios de la Ciudad. Estos inversores privados tienen en su poder más de 340.000 viviendas desocupadas en la CABA y 2.500.000 en Argentina.

  Al mismo tiempo, la ciudad registra cientos de desalojos. El resultado de las “renovaciones urbanas” (como puede verse en barrios porteños como Palermo, San Telmo y en cada vez más áreas del sur) es el cambio de la población existente, a través del alza de precios en alquileres y servicios producida por las intervenciones; los más pobres deben mudarse a las zonas de la periferia más baratas, con la consiguiente dificultad para trasladarse a trabajar, tener acceso a servicios de salud y educativos para sus familias, etc. Esta tendencia, característica de la urbanización capitalista, se define como gentrificación. Consiste básicamente en el proceso a través del cual un barrio habitado por población de bajos ingresos es modificado y ocupado por población de clase media y alta, quienes a su vez –ya sea por cuenta propia o por inversión privada (agentes inmobiliarios)– renuevan las viviendas. De esta manera, son dos las condiciones para hablar de un proceso de gentrificación clásica: desplazamiento de población y reinversión económica en las viviendas del barrio2.
   Lo mismo podemos observar en Rosario. La gestión “socialista” elaboró el Plan Estratégico Rosario (PER) apostando a la construcción de una “marca ciudad”.Bajo estos parámetros, efectivamente la ciudad se posicionó como un importantísimo polo de atracción de las inversiones provenientes del excedente de los agronegocios de las zonas linderas, que principalmente se orientaron a la construcción de inmuebles dando lugar al llamado boom de los últimos largos años. Esta euforia constructora, lejos de contribuir a aliviar las graves carencias en materia habitacional, viene potenciando paradójicamente un modelo de concentración del suelo y la vivienda y de privatización de la ciudad, instalando a Rosario como una verdadera cuidad-negocio3.
   Según cifras oficiales de la ciudad, desde 2003 se construyeron 4 millones de m2, la mayoría en el área más cotizada, en el centro de la ciudad. Mientras tanto, el déficit habitacional es de 50 mil hogares, afectando a 160 mil personas (sobre una población de 1 millón), cuando hay 80 mil viviendas vacías (20 % del total). Recientemente se vio en Córdoba otra expresión de estos contrastes. En la última década la provincia vio crecer los “barrios ciudades” o “ciudades dormitorio”, que resultaron en la erradicación de las villas que ocupaban terrenos valiosos para la especulación inmobiliaria. Estas villas crecieron al mismo tiempo que Nueva Córdoba florecía como barrio emblemático del boom sojero. Según Pablo Semán, los barrios ciudades eran la promesa de relocalización “justa” y con servicios suficientes para las nuevas unidades habitacionales. Resultó en unidades inmobiliariamente miserables y segregadas por un celoso cerco policial que retiene en esas ciudades a miles de ciudadanos que, por portación de edad, cara, zapatillas inconsistentes con el prejuicio del observador, etc. son objeto de retenes policiales sistemáticos. Los retenes demoran, aíslan y ofenden. Este orden, que se aceitaba con los recursos que el narcotráfico le derivaba a la policía, ha perdido transitoriamente su lubricante. Las denuncias sobre el narcoescándalo traen penuria a los guardianes del orden, mientras la inflación atiza el ánimo humillado de los excluidos de siempre en un contexto en que cierto estancamiento da lugar a más motivos de queja4.
   El famoso “boom inmobiliario” en Argentina fue liderado por edificios de lujo y vivienda para los sectores de mayores recursos (un 75 % de lo construido es de alta categoría). Además, la fuerte presión del mercado inmobiliario repercute directamente sobre los precios de la tierra y propiedades de los sectores medios y bajos de la clase trabajadora, que hoy tienen ya pocas posibilidades de acceder a una vivienda en la “ciudad formal” (la que forma parte de la trama urbana legal, urbanizada). 
Los salarios promedio se encuentran hoy, en relación a los alquileres, un 21 % por debajo en comparación con el promedio de la década del noventa. Con respecto al precio de las viviendas, cayó un 39 % la relación salario/m2 en los últimos 10 años. Es decir, que cada vez se necesitan más salarios para acceder a una vivienda, y en la gran mayoría de los casos no alcanzan los ahorros de toda la vida para lograrlo. Desde el punto de vista empresarial, un gran negocio. Hasta se conocen casos de inversores que compran en las villas una gran cantidad de casillas para alquilarlas, obteniendo un retorno aun mayor que en la ciudad formal.
  Las grandes constructoras y desarrolladoras inmobiliarias como IRSA de Elsztain, Nicolás Caputo, Consultatio de Eduardo Constantini, ODS de Angelo Calcaterra, el Grupo Roggio o Dacal se benefician de múltiples formas: además de ganar una concesión tras otra para la obra pública en todo el país gracias a contratos armados a su medida, son beneficiados con terrenos fiscales cedidos a precios irrisorios y exención de impuestos para sus emprendimientos privados. Por poner solo un ejemplo, basta ver que varios emprendimientos de “Nicky” Caputo –asesor ad honorem del gobierno de Macri– reciben electricidad directamente de los mayoristas (sin pasar por las distribuidoras). Hace poco Julio De Vido describía sus negocios, y se autoinculpaba al mismo tiempo: esta persona a la que según Macri nosotros le echamos la culpa de todo, a través del Grupo Sadesa participa como socio de Edesur, participa en Hidroeléctrica Piedra del Águila, en Compañía Operadora en Brasil en el gas, como subsidiaria y con Gas Andina en Chile, que son subsidiarias de TGN donde también es socio5.
 Por lo tanto, no es casual que las luces de sus megatorres sigan encandilando aunque la ciudad permanezca a oscuras en los prolongados cortes de energía.

Déficit habitacional: una crisis sin techo

  Aun en la década de mayor crecimiento económico de la Argentina en mucho tiempo, parece que en lo que a vivienda se refiere, la cola de esperar para pasar del infierno al purgatorio está bastante atascada. Entre 2001 y 2010 el resultado de la ecuación entre nuevas viviendas construidas y las que efectivamente eran necesarias para cubrir la demanda existente dio por resultado que se sumaron en promedio 60 mil hogares al año al problema de la falta de vivienda. Entre censos, el “exceso” de hogares6 respecto del número de viviendas pasó de 360 mil a 855 mil. Lo que significa que algo más de 1,5 millones de hogares comparten la vivienda que debería servir para un hogar promedio: viven en condiciones de hacinamiento. Al mismo tiempo el número de inquilinos, quienes alquilan y no son propietarios, creció de 11,6 % al 16,1 %. El hacinamiento y la reducción del número de propietarios, dos de los indicadores más elocuentes de la calidad de vida, ilustran que lejos estamos de “salir del infierno”, como gustaba decir Néstor Kirchner.
 
  Uno de los aspectos centrales en el marco de la crisis más general de lo urbano es este acuciante problema de la vivienda, que implica la degradación de la calidad de vida de millones. Hay en el país más de 6 millones de hogares con problemas de vivienda, por la precariedad de su construcción y deterioro, por el hacinamiento, por el mal estado del terreno donde están instaladas, por la falta de acceso a servicios elementales, o por la imposibilidad de acceder a un techo propio. Se trata nada más y nada menos que de la mitad de los hogares argentinos7. El 12,4 % de viviendas del país carece de agua corriente, el 26,8 % de gas natural, el 34,6 % de cloacas, el 32,3 % de desagües pluviales y el 19,2 % de pavimento8.
  ¿Cuáles son las medidas tomadas desde el gobierno nacional para resolver la crisis habitacional? Uno de sus caballitos de batalla, como parte del discurso de la “década ganada”, es el programa Procrear. Es un plan a paso de tortuga, ya que para un déficit de vivienda de más de 3 millones de hogares –y problemas de vivienda que alcanzan a más de 6 millones–, presentó inicialmente un plan de 400.000 créditos9.
  Además, estos créditos están destinados principalmente a sectores medios de la población, ya que debido a los ingresos necesarios para solicitarlos y la exigencia de tener recibos de sueldo en blanco, no podrán pedirlos los que más sufren la crisis de vivienda, que son los trabajadores más precarizados. Según el Indec, sobre un total de 16 millones de ocupados que hay actualmente en el país, el 75 % (12 millones de personas) gana menos de $ 6.500 por mes y la mitad cobra menos de $ 4.040, el 25 % menos de $ 2.500, y el 33 % en negro. Como “daño colateral” que no previó el gobierno, la salida de estos créditos trajo como consecuencia que los especuladores inmobiliarios subieran velozmente los precios de terrenos y viviendas, y por lo tanto muchos de los “felices ganadores” se encuentran en la situación de no poder encontrar qué comprar con la suma recibida (que además impone plazos de construcción difíciles de cumplir). El gobierno pretende hacer gala de un “gran crecimiento” en la inversión en vivienda, pero esta apenas representa el 1 % del presupuesto nacional. En el caso de la CABA, el gobierno de Macri es bien caracterizado como uno de “políticas públicas y rentas privadas”10. La política de vivienda se encuentra cruzada por un “paradigma de la valorización”: “la medida del desarrollo urbano son la expansión física de la ciudad y los procesos de valorización del suelo”11. Políticas de crédito orientadas a sectores de ingresos medios, compatibles con el negocio privado. Mientras tanto, la población de las villas se incrementó en un 52 % respecto de 2001, llegando a alrededor de 163.587 habitantes sólo en la Ciudad de Buenos Aires. La ley 148 de la CABA, que ordena la urbanización de las villas, duerme en algún rincón desde hace 16 años, mientras las condiciones de vivienda no paran de degradarse más y más12.

Des(infra)estructurados

  Los sectores obreros y populares de menores ingresos son empujados a las edificaciones más precarias. Son, a la vez, quienes cuentan con menor resguardo ante los crímenes sociales que vienen golpeando la vida de miles (o cientos de miles) en los principales entramados urbanos del país. Estos crímenes sociales, intencionalmente tratados por los gobiernos y grandes medios como “catástrofes” sin responsables, se encuentran cortados por la misma tijera: el desenfreno de la edificación para los estratos más ricos, y las obras que cruzan las ciudades para brindarles “servicios” a estos sectores (especialmente redes de transporte), terminó de desestructurar los precarios equilibrios en ciudades “inundables”, como La Plata o Buenos Aires. A esto se suma la negligencia criminal en lo que respecta a inversiones en infraestructura básica.



Al mismo tiempo que los desaguisados de la urbanización creada por los negocios inmobiliarios imponen un aumento en las necesidades de obras, volviéndolas más complejas, ni siquiera se ejecuta aquello que ya está programado. Esta combinación fatal fue observable en la inundación de La Plata en 2013, con más de 50 muertos reconocidos oficialmente13. Lo que se hizo resulta tan dañino como lo que se dejó de hacer. Las obras para la construcción de la autopista Buenos Aires-La Plata taparon los arroyos, por lo que el agua no se desagota de las calles y provoca inundaciones en la ciudad. Al mismo tiempo, el “Estudio de la cuenca del arroyo el Gato”, realizado por la Universidad Nacional de La Plata en enero de 2010 incluía la realización de derivadores y readecuaciones de las redes de desagües en el casco urbano. Estas obras contaban con presupuesto desde aquel año, pero no se pusieron en marcha. Por si esto fuera poco, la entrega de tierras a sectores de bajos ingresos en tierras que bordean el arroyo, expuso a los sectores más pobres a las peores consecuencias.
  El Ing. Pablo Romanazzi, integrante del departamento de Ingeniería hidráulica de la UNLP denunciaba: lotearon los terrenos más inmediatos al curso del arroyo y esos terrenos hay que dejarlos libres porque es evidente que son zonas inundables (…) No podíamos parar la tormenta, pero sí podíamos no exponer a la gente a esto14.
 Tomemos otro ejemplo, el de Buenos Aires. Luego de los 8 muertos que dejaron las inundaciones del año pasado tan solo en Capital Federal, se puso sobre la mesa la falta de inversiones en materia de control de inundaciones. Esto se evidencia en que en el Programa de Gestión de Riesgo Hídrico se invirtieron apenas $ 2,8 millones y para las obras del arroyo Maldonado $ 19 millones, sin mencionar que, analizando la calidad de las mismas, tampoco evitan que si el nivel del río sube afecte el escurrimiento de las lluvias, al no estar previstas esclusas y funcionar todo el sistema mediante vasos comunicantes. El resultado de las obras, en el contexto de una construcción de torres cuyo ritmo no cesa, es que las inundaciones en la ciudad rotan de barrio. La solución parece ser siempre una nueva obra, en un cuento de nunca acabar. Como sostiene Eduardo Reese: …siempre se pensó que todo se arreglaba con un par de obras, pero las obras necesarias son cada vez más grandes, caras y difíciles. (…) si, junto con las obras, no se controla el proceso de urbanización, la situación tenderá a agravarse, aun cuando se metan más caños, más aliviadores, más diques15.
  En el último mes vimos cómo en Neuquén una lluvia de 200 milímetros terminó inundando el 80 % del área urbana. Se hizo evidente la falta de obras públicas de drenaje, defensa, espacios verdes y otras obras. En 2012 y 2013 se destinaron $ 7 millones para remodelar el edificio de la Legislatura, mientras que en el mismo período apenas se desembolsaron $ 2,6 millones para mantenimiento de desagües en Neuquén capital. Las obras hídricas presupuestadas para ese mismo periodo son de $ 25 millones sobre un presupuesto provincial total de $ 20 mil millones, sumados los dos años.

Superficie ocupada por barrios privados 380 km2, habitan 300 mil personas
Superficie ocupada por villas y asentamientos 64 km2, habitan  2 millones de personas

El derecho a la ciudad

   No hay plan que, a un ritmo de 40 mil casas por año, pueda resolver los enormes problemas de vivienda del país. Mucho menos podría hacerlo sin crear a la vez nuevos problemas de infraestructura si no es parte de un plan urbano de conjunto. Un plan urbano integral solo traerá soluciones si es conquistado por la movilización y está bajo control obrero y popular.
  El punto de partida de cualquier plan para garantizar vivienda para todos debe pasar por una reforma urbana que expropie las tierras usurpadas por los desarrolladores privados, las propiedades en manos de la Iglesia y las que controlan los grandes grupos inmobiliarios. Son cientos de miles de hectáreas que podrían destinarse a la construcción de viviendas populares y que hoy son usufructuadas por los sectores sociales más ricos, por instituciones parasitarias como la Iglesia o manipulados para operar sobre los precios de la tierra. Además, es necesario expropiar las viviendas desocupadas que estén en manos de poseedores de grandes fortunas. Hay que luchar por prohibir los desalojos. Para los inquilinos debe establecerse, como salida transitoria, que los alquileres no excedan el 20 % del salario mínimo. Para todos aquellos que necesiten acceder a la vivienda única mediante crédito hay que establecer un fondo público para préstamos cuya cuota no exceda el 20 % del salario mínimo y sin más requisitos que el de establecer el déficit habitacional familiar. La resolución del problema de la vivienda está estrechamente vinculado a terminar con todas las privatizaciones de los servicios públicos como gas, electricidad y transporte, para poner todas las empresas bajo control obrero y popular, para que la infraestructura básica llegue a la mayorías trabajadoras.



  Es necesario desarrollar un plan de construcción de viviendas –y junto a ellas nuevas escuelas, hospitales, y tendido de infraestructura básica y transporte– controlado por los trabajadores, cuyos recursos deben salir de la imposición de impuestos progresivos a las grandes fortunas y a los terratenientes, además de la expropiación de las grandes explotaciones rurales y el no pago de la deuda externa. Estos recursos no solo permitirían responder a las acuciantes necesidades de vivienda, sino también crear fuentes de trabajo con un salario acorde a la canasta familiar. Las villas y asentamientos deben ser urbanizados de acuerdo a un plan de conjunto trazado junto con sus habitantes, y debe imponerse la entrega en propiedad de las viviendas para quienes las habitan, terminando con el descarado lucro con las necesidades de los sectores más pobres. Si estas edificaciones se encuentran en terrenos no aptos, debe emplazarse en unos adecuados, evitando así las “tragedias” ante cada fenómeno climático.
  Conquistar verdaderamente el “derecho a la ciudad”, como abogaba Henri Lefebvre, el “derecho a una renovada  vida urbana”, solo será posible si la clase trabajadora domina los destinos de la sociedad transformándola de base. Como Engels planteaba en Contribución al problema de la vivienda: “La penuria de la vivienda no es en modo alguno producto del azar; es una institución necesaria que no podrá desaparecer, con sus repercusiones sobre la salud, etc., más que cuando todo el orden social que la ha hecho nacer sea transformado de raíz”16.
1. Se excluyó a Puerto Madero del recuento de m2.
2. Luis Alberto Salinas, “Gentrificación en la ciudad latinoamericana. El caso de Buenos Aires y Ciudad de México”, GeoGraphos 44, Vol 4, México DF, febrero de 2013.
3. “Notas a propósito del desalojo de Kasa Pirata”, en blog Club de investigaciones urbanas, julio de 2013.
4. Pablo Semán, “Córdoba y los abismos de la desigualdad”, http://pabloseman.wordpress.com, 2013.
5. Discurso del 3 de enero de 2014 frente a la crisis energética.
6. Hogar: persona o grupo de personas que viven bajo el mismo techo y comparten los gastos de alimentación, de acuerdo al glosario del Censo 2010 (INDEC).
7. Gustavo A. Llambias, “Déficit habitacional y acceso a la vivienda en Argentina”, www.reporteinmobiliario.com.ar.
8. Observatorio de la deuda social – UCA.
9. www.procrear.anses.gob.ar/programa.
10. Natalia Cosacov y Eduardo Faierman, “Políticas públicas, rentas privadas. Política habitacional y mercado inmobiliario en la Ciudad de Buenos Aires”, Laboratorio de políticas públicas, junio 2012.
11. Ídem.
12. Ley N° 148. Sanción: 30/12/1998. Promulgación: Decreto N° 123/999 del 20/01/1999. Publicación: BOCBA N° 621 del 29/01/1999.
13. De la cual se comprobó, más de un año después, el ocultamiento oficial del verdadero número de muertos, como ya se venía denunciando.
14. Entrevista exclusiva cedida a TVPTS, 10/04/2013.
15. “No hay políticas para regular el suelo”, Página/12, 05/04/2013.
16. Tomado de la versión digital de Marxists Internet Archive (MIA).